En ese instante sentí que estabas destinado para mi.
Ni te imaginabas lo que estaba pasando por mi mente, y podía ver tanta ternura en tu mirada.
Me tenías atrapada con tu forma de ser.
No pude comprender lo claro que lo tenía en ese momento. ¿Cómo es posible?
Ahí es cuando me di cuenta que había enfermado.
Enfermado de ti.
“¿Te pasa algo? ¿me estás escuchando?” me preguntaste con cierta incertidumbre, y me pillaste sintiendo la decisión más importante de mi vida. Casi no había tenido tiempo de pensarla demasiado, simplemente ocurrió.
“No, nada, no me pasa nada.” Mentí y volví la cabeza hacia mi café, no sin antes mirarte con ojitos pequeños para comprobar si había disimulado bien mi mentira.
En ese instante no pensaba que mis domingos preferidos serían los que pase charlando contigo.
En ese instante no acerté a ver que todo mi ser, mi corazón, incluso mi alma te pertenecería a ti solamente...
El tiempo pasa volando y casi no recuerdo ese instante... pero quiero anclarlo en mi corazón rodeado de mar desolado que se abre ante mi.
Porque el día que no estés, solo ese instante será lo que tenga de ti.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario